El aumento de los costos, la baja demanda y la escasez de financiamiento condicionan la actividad, mientras las obras privadas de menor escala sostienen parte del mercado.

La construcción privada atraviesa un escenario de retracción en Argentina, con una mayoría de los actores del sector reportando una disminución de la actividad durante el último año y expectativas moderadas respecto de una eventual recuperación. La falta de obra pública y el encarecimiento de los proyectos continúan afectando el desempeño de la industria.

Un relevamiento realizado entre profesionales de toda la cadena de valor mostró que el 67% registró una caída en su nivel de actividad durante los últimos doce meses, mientras que apenas el 10% observó mejoras. El porcentaje de respuestas negativas aumentó respecto de la medición anterior, reflejando un deterioro en la percepción general del sector.

Las perspectivas para los próximos doce meses aparecen divididas. Un tercio de los consultados espera una recuperación, otro tercio cree que la actividad permanecerá estable y una proporción similar anticipa nuevas caídas. Los ingenieros y distribuidores de materiales son los que muestran mayores niveles de optimismo, mientras que arquitectos y maestros mayores de obra mantienen una visión más cautelosa.

Entre los principales obstáculos señalados figuran el incremento de los costos de construcción, la menor demanda de proyectos y las dificultades para acceder al financiamiento. Según datos oficiales, el costo de la construcción en el Gran Buenos Aires acumuló un aumento del 12,8% en lo que va del año y una suba interanual del 29%.

En este contexto, las obras privadas pequeñas y medianas, junto con las refacciones y ampliaciones, se consolidan como el principal sostén de la actividad. En contraste, la participación de la obra pública se redujo a niveles mínimos dentro de la demanda total del sector.

Pese a las dificultades, algunos profesionales continúan considerando a la construcción como una alternativa de resguardo de valor. Sin embargo, las acciones pasaron a ocupar el primer lugar entre las preferencias de inversión, desplazando a los tradicionales proyectos inmobiliarios, en un escenario donde la rentabilidad y el tiempo de recuperación de la inversión ganan cada vez más relevancia.