Ante el aumento previsto para abril, la demanda se disparó hasta 30% y hubo faltantes. En paralelo, el salario rinde cada vez menos en litros de combustible.
El anuncio de un nuevo aumento en los combustibles a partir del 1° de abril provocó largas filas en estaciones de servicio, con automovilistas que buscaron adelantarse a la suba. Durante el fin de semana y en la previa a la actualización de precios, la demanda creció de forma abrupta.
Según datos del sector, las ventas se ubicaron entre un 25% y un 30% por encima de lo habitual, lo que generó demoras en la reposición de combustible e incluso faltantes en algunos puntos. La situación se repitió en las horas previas a la entrada en vigencia de los nuevos valores.
El fenómeno contrasta con la tendencia general del mercado, que venía mostrando una caída interanual en los despachos de nafta y gasoil. Los aumentos acumulados, cercanos al 20% solo en marzo y superiores al 500% desde fines de 2023, impactaron en el consumo.
En ese contexto, el poder de compra del salario medido en litros de nafta registró una fuerte caída. Solo en el último mes, se redujo un 17%, afectado por la suba del crudo en medio del conflicto internacional y por la aceleración de precios.
Si se amplía la mirada, la pérdida es aún más significativa: en los últimos meses la capacidad de compra ya venía deteriorándose y, en comparación con años anteriores, los ingresos quedaron rezagados frente al aumento del combustible.
El escenario refleja una combinación de alta volatilidad de precios y deterioro del ingreso real, que no solo impacta en el consumo cotidiano sino que también expone las dificultades para sostener el acceso a bienes básicos en un contexto económico cada vez más exigente.



