Un relevamiento reciente expuso una crisis profunda dentro del sistema de salud: más de seis de cada diez médicos del país atraviesan agotamiento físico o mental producto de las condiciones laborales extremas y el estrés continuo. La investigación reunió casi 3.000 testimonios de profesionales que describen jornadas extenuantes, falta de recursos y sobrecarga asistencial.

El síndrome de burnout —caracterizado por agotamiento emocional, desconexión del entorno laboral y disminución del rendimiento— afecta especialmente a médicos jóvenes y residentes. Entre los principales factores señalados aparecen el poliempleo, las guardias interminables, la presión asistencial y la precarización salarial. El malestar sostenido impacta no solo en la salud del profesional, sino también en la calidad del servicio.

Los datos revelan además un desencanto creciente con la profesión: solo la mitad de los encuestados asegura que volvería a elegir la medicina, mientras muchos evalúan abandonar la práctica o emigrar. Esta pérdida de vocación y fuga de talento amenaza la sustentabilidad de áreas sensibles del sistema sanitario, sobre todo en el sector público.

Frente a este panorama, especialistas reclaman políticas que reduzcan la carga laboral, fortalezcan el acompañamiento institucional y reconozcan la tarea médica con mejores condiciones y remuneraciones. Sostienen que cuidar la salud de quienes atienden a la población es una prioridad estratégica que impacta de forma directa en el acceso y la calidad de la atención.