Ábaco, en el norte de las Bahamas, ofrece un escape del ajetreo turístico de Nassau. Sus cayos y pueblos de colores transmiten tranquilidad, con playas desiertas, aguas cristalinas y una vida que sigue el ritmo pausado del Caribe. La isla combina belleza natural con una comunidad resiliente que ha renacido tras el huracán Dorian.

Alejado de los cruceros y la vida nocturna de Paradise Island, Ábaco propone un turismo más íntimo y pausado. Sus pueblos, con casas de madera pintadas en tonos pastel, parecen sacados de una película, y lugares como Hope Town permiten disfrutar de su icónico faro rojo y blanco sin presencia de autos. La vida cotidiana se organiza alrededor del clima, el mar y la hospitalidad local.

La gastronomía refleja la conexión con el mar: pescados, mariscos y el omnipresente caracol (conch) son la base de la dieta, destacando platos como la conch salad y el crab and rice. La experiencia de disfrutar estos sabores locales en restaurantes o directamente sobre la arena, con el agua hasta los pies, ofrece una vivencia auténtica del Caribe.

El mar conecta a las comunidades y guía gran parte de la vida en Ábaco. Desde Marsh Harbour se accede a excursiones que permiten nadar entre arrecifes, explorar blue holes o visitar No Name Cay con sus famosos cerditos nadadores. La isla combina naturaleza, historia y resiliencia: museos y memoriales recuerdan la herencia de los colonos y el paso del huracán Dorian, mientras la calma y la hospitalidad de sus habitantes completan la experiencia.